Info sobre Formentera

Queridos visitantes de Formentera

Tal vez estábais sentados en el avión, iniciando ya el descenso hacia el aeropuerto de Ibiza, cuando avistásteis fugazmente esta pequeña extensión de tierra emergiendo del Mediterráneo. Puede ser, incluso, que os pasara por la mente que lo que estábais viendo era la loma gigante de una ballena que traspasaba por un instante la frontera entre el mundo terrenal y el acuático para luego volver a sumergirse elegantemente en las profundidades marinas.

Tras el aterrizaje en Ibiza, os trasladáis en taxi o autobús al puerto, donde uno de los rápidos ferrys catamarán os llevará a Formentera, suponiendo, claro está, que no haya borrasca y mar revuelto.

Recuerdo mi primera travesía a Formentera como si fuese ayer: la hice en el viejo buque, “Joven Dolores”, el barco que entonces iba y venía entre las islas a paso lento y regular. Mi viaje empezó a mediados de los años 90 del siglo pasado. Tumbada en la parte delantera de la proa, donde había sitio para embarcar dos coches, estaba soñando con los ojos abiertos, la vista perdida en el azul límpido del cielo, cuando una voz en mi mente me susurraba que estaba de camino a casa. Que extraño, pensé, hace poco no sabía siquiera que Formentera existiera. Sin embargo, todo era posible

Al fin y al cabo mi amor por la isla había surgido de forma tan inesperada como repentina. En la pared de casa de un amigo vi la foto de una casa sencilla y blanca, con ventanas y contraventanas de madera pintadas de azul, solitaria, enclavada en un paisaje árido. Más tarde me enteré de que estaba construida en el estilo tradicional de las casas payesas de la isla (llamadas fincas). A su alrededor florecían algunas plantas, especies duras y tenaces como la buganvilla y la adelfa, que desafían el mal tiempo y las sequías. Sin embargo, el encanto de la foto residía en la luz que creaba un ambiente lleno de calor. Los muros de piedra alrededor de la casa parecían arder como brasas candentes y rojas en la chimenea. El cielo estaba engalanado con alguna que otra nube cuya blancura se teñía lentamente con los rayos del sol poniente. La foto emanaba una belleza sencilla y adusta, envuelta en una atmósfera tranquila, sosegada, de la que me enamoré al instante. Y desde hace casi veinte años, cada mañana revivo este momento cuando miro desde mi ventana.

¿En qué consiste exactamente la atracción de esta isla que tantas veces ha sido descrita? Para saberlo realmente, habrá que beber esta poción mágica y así averiguar, por uno mismo, en qué reside la seducción que ejerce la isla.

Igual que a mí, a lo largo de los siglos las olas trajeron a muchos y variados personajes a estas orillas. Algunos de estos náufragos hicieron de Formentera su hogar y sus descendientes siguen viviendo, trabajando y muriendo aquí. Algunos se perdieron en la lejanía para nunca más volver, otros retornan dichosos una y otra vez para renovar los lazos de afecto y unidad. Como plantitas jóvenes en la tierra madre, han crecido amistades, se han mezclado genes y se han tejido vínculos para toda la vida

Actualmente, hay una alegre mezcla de más de setenta nacionalidades que ensayan día a día la convivencia multicultural. En este microcosmos se dan cita los nómadas de nuestro mundo, disfrutando de todo lo que el escenario de Formentera puede ofrecerles para sus encuentros.

Cinco pequeños pueblos llenos de vida y color dan la bienvenida al viajero, cautivándole con su encanto particular. La Savina, con su zona portuaria tradicional, invita a relajarse en un ambiente tranquilo, al igual que su hermano pequeño, el elegante pueblito de pescadores Es Caló. La Mola, la zona más alta de la isla, con su soledad y encanto. Sant Francesc es el centro comercial de la isla y alberga el Ayuntamiento con la sede del Consell Insular. El centro turístico Es Pujols ofrece entretenimiento y diversión nocturna para todas las edades. Sant Ferran, el baluarte nostálgico de los Beatniks y Hippies, está situado en el corazón de la isla y sigue viviendo aún hoy día de sus veladas legendarias delante de la antaño estafeta de correos “Fonda Pepe”.

Las playas, de aspecto suave y sedoso, reciben sus nombres de los cuatro vientos: “Illetes” es el viento del oeste, “Llevant” el de este, “Mitjorn” el del sur y “Tramuntana” el del norte. Quien prefiere un paisaje más salvaje y rocoso encontrará en los acantilados rincones de ensueño, pero a muchos de ellos sólo se puede acceder desde el mar, siendo necesario un medio de transporte acuático

Tanto los pueblos como las playas seducen con rincones acogedores, amplias plazas y anchas calas que invitan a quedarse y a disfrutar. Chiringuitos, bares y restaurantes hermanan la cocina internacional con las delicias autóctonas. Hay muchos sitos donde no sólo se puede navegar en la web o ligar con los vecinos de mesa, sino también, quedarse tranquilamente absorto en uno mismo y soñar despierto. Aquí, algo tan sencillo como la observación del comportamiento de personas y animales, se convierte en un placer

Aunque con bastante tráfico, la regulación por rotondas, asegura que la circulación sea fluida y se pueda ir a la velocidad que se desee. Mientras unos avanzan pausadamente, otros prefieren una conducción más veloz. El resultado son atascos ocasionales, en cuyo caso hay que hacer gala de mucha paciencia, relajarse y no montar en cólera

También hay una gran variedad de alojamientos que ofrece muchas alternativas. Desde ambientes familiares e íntimos a moradas temporales en entornos más públicos y animados

Esta pequeña isla, cerca de la costa africana, que parece flotar en el mar Mediterráneo, ofrece más que su ambiente tolerante para la convivencia multicultural. Además de arder en el espectro solar o de oler a espuma salada del mar, sabe a más y también da más. Este “más” es el bienestar colectivo que inunda la isla, sus visitantes y sus habitantes durante los meses de verano

Para conservar este bienestar para todos, conviene traer un poco de prudencia y conciencia en el equipaje – un regalo que será muy bien recibido. Ya hay bastantes amantes de Formentera con visión de futuro que se afanan en protegerla para que cada uno de nosotros pueda gozar en sano equilibrio de los elementos básicos de nuestro entorno: agua, tierra y aire. En muchas zonas de la isla existen programas de protección específicos que cuidan de la conservación de las dunas, los yacimientos históricos, los molinos de viento, la fauna marítima, la calidad del agua y la naturaleza

Inevitablemente, cada uno de nosotros se convierte durante su visita en parte de esta isla flotante y tiene la responsabilidad de hacer un uso respetuoso de reservas valiosas como lo son el agua, la energía eléctrica y el gas. Es verdad que no resulta fácil cambiar las costumbres arraigadas durante las vacaciones, pero con un poco de buena voluntad seguro que se puede conseguir

Quien antes de actuar se pregunta, sinceramente, si su amada isla se abandonará alegremente a sus caricias o más bien sucumbirá exhausta ante sus abrazos desconsiderados se acercará cada vez un poco más a la verdad. Que disfrutéis de la oportunidad de iniciar vuestra historia personal con Formentera. Tal vez sea amor a primera vista, tal vez a la segunda e incluso a la tercera, o tal vez no suceda nada parecido, en todo caso, cabalgando en el lomo de la ballena os fundiréis durante largos momentos con su mundo culinario, histórico y cultural y, sobre todo, con el espectáculo de colores, luces y sombras, viento y calma, calor y frescor, humedad y sequía que ofrece la naturaleza

Carpe Diem.